Una España sublime tumba a Francia y se cita con la historia en la final del Mundial 2026
La Roja se impone 0-2 a Francia en Dallas con goles de Oyarzabal y Porro y se clasifica para la final del Mundial 2026, dieciséis años después de su primer título mundial.
España está en la final del Mundial 2026. No es un titular, es un rugido. La Roja tumbó a Francia por un contundente 0-2 en Dallas y, dieciséis años después de aquella noche mágica de Johannesburgo, vuelve a mirar de frente al último partido del torneo. Lo hizo el 14 de julio, precisamente el día de la fiesta nacional gala, aguándole la celebración a toda una nación y firmando una de esas actuaciones que quedan grabadas a fuego en la memoria de un país entero.
Fue mucho más que una victoria: fue una declaración de intenciones. El equipo de Luis de la Fuente salió al césped sin miedo, con el balón cosido a las botas y con la personalidad de quien se sabe candidato. Ante una Francia repleta de estrellas, España no especuló. Presionó arriba, movió el cuero con criterio y ahogó a los de Deschamps hasta dejarlos sin respiración. La selección hizo pequeño a un gigante.
El marcador se abrió en el minuto 22. Una internada eléctrica de Lamine Yamal, otra vez él, provocó el penalti que Lucas Digne no pudo evitar. Desde los once metros, con la sangre fría de los grandes, Mikel Oyarzabal engañó al portero y desató la primera locura. El de la Real Sociedad, héroe de otras finales, volvía a aparecer en el momento decisivo. El Estadio de Dallas, teñido de rojo y amarillo, estalló.
Con la ventaja en el bolsillo, muchos temían el clásico repliegue. Pero esta España no sabe jugar con miedo. Siguió apretando, generando ocasiones y creyendo en su fútbol. Incluso tuvo tiempo para el susto y la polémica: en el minuto 60, un golazo de Lamine Yamal fue anulado tras la revisión, un jarro de agua fría que, lejos de frenar al equipo, lo espoleó todavía más.
La sentencia llegó pronto. En el minuto 57, una combinación de manual entre Dani Olmo y Pedro Porro terminó con el lateral batiendo al guardameta francés para poner el 0-2. Fue el gol de la tranquilidad, el que apagó definitivamente las esperanzas galas y el que encendió la fiesta en cada rincón de España. En Madrid, miles de aficionados se echaron a la calle para celebrar un pase a la final que sabe a gloria.
Francia, la gran favorita para muchos, se marchó del torneo sin encontrar respuestas. Ni tácticamente, ni técnicamente, ni en actitud pudo plantar cara a un rival que la superó en todas las facetas del juego. Con esta victoria, España encadena su tercer triunfo oficial consecutivo frente a los bleus, una cifra que habla del cambio de jerarquías en el fútbol europeo. Para Kylian Mbappé y Didier Deschamps, la despedida no pudo ser más amarga.
Más allá de los nombres propios, lo que dejó el partido fue una sensación colectiva difícil de explicar con números. La de un equipo que juega de memoria, que disfruta, que contagia. La generación de Lamine Yamal, la veteranía de Oyarzabal, el temple de Porro y la batuta de Dani Olmo se han fundido en un bloque que enamora a propios y ha dejado boquiabiertos a los extraños. La prensa internacional rindió pleitesía a una Roja que vuelve a ser referencia mundial.
Ahora, con el billete para la final ya en el bolsillo, España se prepara para la última batalla. El domingo, en el partido más importante de los últimos años, La Roja buscará su segunda estrella, ese segundo título mundial que la colocaría de nuevo en lo más alto del planeta fútbol. El equipo de De la Fuente ha demostrado que está preparado para todo, que no le tiembla el pulso y que sueña a lo grande.
Quedan noventa minutos (o los que hagan falta) para tocar la gloria. Y si algo ha demostrado esta selección en Dallas, es que cuando España cree, España gana. El país entero contiene la respiración. La cita con la historia está servida.
¡Vamos, España!
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